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Luchando por la Novia

“El celo por Su casa me ha consumido” (Jn 2:17)

brideA fin de “luchar por la fe encomendada a todos los santos” (Judas 3), nosotros debemos seguir a Jesús hacia la Casa de Su Padre y purificarnos de lo que nos divide.  Sí, debemos entrar en la luz de la comunidad y recurrir a la ayuda de los demás, y sí, nadie puede expulsar a los ladrones de nuestro templo personal excepto nosotros.  Nuestra decisión de rechazar todo altar excepto a Cristo Crucificado es nada menos que un milagro de la misericordia de Dios —Su ardiente bondad (reflejada en Sus miembros) nos persuade de que la Presencia santa vence a la presencia inestable de otros amantes cualquier día.

Entonces estamos listos para darlo todo por la salvación de muchas vidas —luchando por el Evangelio y su poder para transformar vidas quebrantadas a través de la Iglesia.  Nosotros luchamos contra toda fortaleza de pensamiento que entorpece y empaña el objetivo de la pureza y la integridad (también conocida como la castidad).  Nosotros luchamos contra la misericordia enferma del “Cristianismo gay” y contra la verdad enferma de golpear a los vulnerables con la escritura y la enseñanza de la iglesia sin dar una mano para ayudarlos a superar conflictos reales (alerta de información anticipatoria: esto toma tiempo, a veces toda la vida…).  Preocupantes también son las iglesias evangélicas que están tan decididas a llegar a la comunidad LGBTQ+, que ingenuamente adoptan lenguaje y ética no bíblicos y se convierten en buenas personas “gays”.

Nosotros nos arremangamos la camisa y luchamos por:

  1. El levantamiento de la Cruz para redimir las dos naturalezas: el hombre y la mujer. Bajo Cristo, no puede permanecer ninguna comunidad LGBTQ+.  Nosotros nos unimos bajo una esperanza compasiva —Cristo Crucificado— y un objetivo, el encuentro entre la sangre y el agua, y nuestros Yo de género.  Sólo la Misericordia Omnipotente puede disolver el impacto catastrófico del pecado sobre lo que significa ser hombre y mujer, creados a Su imagen.  Nosotros debemos mantener el mensaje simple y claro: la Cruz invita a toda persona a entrar en ese torrente de sanidad, y nosotros en la Iglesia debemos ser constantes en extender esa invitación.
  2. Nosotros predicamos toda la gama de pecados contra la castidad, empezando con los pecados “heterosexuales” comunes a los que con frecuencia le guiñamos el ojo: la misoginia, la misandria, la pornografía y las adicciones románticas, el divorcio, el abuso, el legalismo sexual extraño (todo menos el coito), etc. Después de eso, son palabras que se lleva el viento predicar sobre el arrepentimiento a los más obviamente confundidos —“Vengan al agua con nosotros; no lanzaremos piedras sino que tomaremos en serio tus pecados, incluso cuando nosotros hayamos tomado en serio los nuestros y estamos trabajando duro para liberarnos”.
  3. Nosotros ofrecemos verdaderas salidas donde la gente puede liberarse. Me preocupan las comunidades que predican la verdad hermosamente pero proporcionan poca o ninguna atención pastoral profunda a los pecadores que la necesitan.  Debemos reconocer al ejército de sanación que está allí (¡y hacer referencia a éste!) mientras nos sumamos a sus filas cuando somos liberados nosotros mismos.  Entonces, como nuestro don a la Iglesia, acompañamos a los verdaderos pecadores que desean la libertad: un verdadero arrepentimiento hacia el verdadero Jesús quien nos muestra al Padre y Su poder que todo lo sobrepasa para restaurar lo que está quebrantado.
  4. Bajo la Cruz, nosotros luchamos por la verdad de la dignidad de género de toda persona, independientemente de sus puntos de partida confusos. Lo evocamos, lo defendemos como parte de lo que significa ser un embajador del Evangelio.  De la misma manera que amorosamente silenciamos al fariseo, así también rechazamos la falsa etnia de la comunidad LGBTQ+.  Bajo la Cruz, nosotros reconocemos dos naturalezas —el hombre y la mujer—, y una meta, que los hijos extraviados de Dios encuentren al Padre y se conviertan en los hijos e hijas amados, empoderados para reanudar la travesía hacia la integridad.

 

 

 

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