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Maderos de la Cruz: Dolor y Autoentrega

Estoy terminando un mes en el que pasé mucho tiempo con la persona que más amo: ¡Yo!  Ay.  La verdad duele.  Por dicha mi egoísmo innato no fue compatible con el tiempo glorioso que Annette y yo compartimos.  Nos quedamos en casa, recuperamos el aliento y renovamos nuestros votos.  Tiempo libre y sintonizado el uno al otro: nada mejor.

Hace mucho tiempo Jesús nos llamó a Annette y a mí a nuestra vocación primaria, que es el matrimonio.  Cualquier cosa buena que brote del ministerio fluye de esta unión más importante.

Nadie más merece mi atención como ella.  Considera esto: durante los últimos 36 años de nuestras vidas juntos, Annette ha dicho “sí” una y otra vez a Jesús mientras yo he ido por todo el mundo a transmitir Su poder transformador a personas quebrantadas sexualmente.  Nos encanta ministrar juntos pero los hijos y el instinto hogareño de Annette han resultado en una división del trabajo, lo cual se acentuó aún más en los últimos seis meses.  Una oleada de viajes nacionales e internacionales convirtieron a Annette en nada menos que una “novia de la guerra” así que fue un gran regalo tener un mes de descanso para reunirnos.  Gracias a todos los que ayudaron a mantener a Desert Stream en nuestra ausencia.  Ustedes nos liberaron de cualquier preocupación económica; estamos profundamente agradecidos.  Ustedes dieron y gracias a ello pudimos descansar.  Bravo.

Como siempre, el descanso trajo el exponernos.  Al principio de nuestro tiempo libre, Annette puso nuevamente sobre la mesa un área en la que hemos estado en desacuerdo.  Yo disentí de nuevo y no pude ver su perspectiva.  La lectura del Evangelio de ese día —“quien no toma su cruz y me sigue no es digno de Mí” (Mt 10:38)— me golpeó con fuerza y expuso una viga en mi ojo.  Un bastión conocido de egoísmo me cegó ante la mayor necesidad de Annette.

Yo busqué a mi pastor y él me aconsejó bien.  El resultado fue un profundo dolor por mi pecado, algo que sólo el Espíritu y un espacio santo podían inspirar.  Santo Tomás de Aquino escribió que dicho dolor es señal de que la Cruz nace en el corazón.  Que así sea.  En áreas donde no veo bien, necesito frenar y sentir la gravedad de mi pecado.  Sólo entonces mi arrepentimiento será genuino, no un rechazo superficial de la vergüenza.

Ese arrepentimiento ha continuado durante estas semanas y ha resultado en lo que sólo puedo describir como una pasión renovada en mí por cumplir las palabras de San Pablo de “amar a nuestras esposas como Jesús ama a la Iglesia y se entregó por ella” (Ef 5:25).  ¡No es una tarea pequeña!  Cuando yo tomo en serio la autoentrega de Jesús en el Calvario —la crucifixión que liberó el torrente de sanidad (Zac 12: 10-13: 2)— puedo volver a entrar en Su entrega fructífera y negar nuevamente mis formas egoístas y controladoras a fin de ofrecer lo que puedo a esta mujer increíble que merece eso y más.

Yo no permito que mis faltas evidentes me impidan dar más.  Ésa es siempre la dirección de Jesús a los maridos, una autoentrega que brota del dolor impresionante de Su Cruz.

Por favor únase a Annette y a mí en Chicago del 27 al 30 de Julio en la Conferencia anual de Courage donde compartiremos acerca de nuestra rica vida juntos.  Como dije, no hablamos juntos con mucha frecuencia, así que únase a nosotros para esta inusual oportunidad.  El encuentro de Courage ofrece una diversidad de personas y dones de sanidad.  Espero verlos allí.

 

 

 

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