Casa > aguas vivas > Matando la Verdad

La otra noche, soñé con la complicidad —una buena amiga y colega había sido declarada inocente de asesinato, pero yo sabía lo contrario.  Ella mató a alguien y yo maté la verdad al no decir nada al respecto.

Yo estaba hablando con un compañero ministro/sanador de otro país quien describió a un importante sacerdote que traía mucho dinero para la Iglesia.  La mayoría de las personas de allí sabían que él con regularidad buscaba sexo con personas del mismo género, sin embargo incluso el obispo le daba un “pase” debido a su utilidad.

¿Somos todos un poco cómplices?  Ciertamente todos estamos divididos por una Iglesia ambigua: pastores que corren tras corderos solitarios para devorarlos, padres que seducen a hijas espirituales bajo vestimentas de seda, obispos que ven pero no dicen nada, un hombre que pontifica sobre el “sacrificio de niños” pero cuya espada es blandengue con una misericordia no santificada, tanto que luchamos para confiar en su retórica.

Sin embargo, mi corazón dividido hacia la Iglesia no beneficia a nadie.  Mi bronca puede simplemente amplificar la voz del acusador mismo; él es bueno para hablar por matar incluso a los justos.

Quizás deberíamos orar.  Estos días me despierto después de tener malos sueños y recuerdo el desastre en el que estamos; sí, nosotros.  Yo soy uno de los fieles, con tanto que decir como cualquiera ante Dios.  La oración no conoce jerarquía.  O si hay una, parece de unas Escrituras que están invertidas, como si Dios mismo prefiere a los pequeños que claman pidiendo misericordia (Mt 18: 31, 32; Lc 10:21) por encima de los sabios y fuertes.

Yo no conozco a muchos líderes grandes, sólo a personas débiles que confían en Dios.  Y vueltos poderosos en la fe, “derrotando a los ejércitos extranjeros” (Heb 11:34).  María misma cantó acerca de Aquél que “derriba a los gobernantes de sus tronos y levanta a los humildes” (Lc 1:52). 

La Cuaresma es un tiempo para humillarnos deliberadamente ante Aquél.  Yo oro para que Él nos humille a fin de levantarnos cuando le pedimos a Él que inicie en todos los miembros un claro llamado al arrepentimiento.  Para aquéllos que se resisten a Él y persisten en la hipocresía, yo le pido que use nuestras oraciones como piedras de David y destruya a los gigantes.

Yo puedo despertarme entumecido ante una Iglesia dividida y adormecerme aún más en una gran cantidad de pecados.  Entonces me convierto como aquéllos a quienes acuso.  O puedo orar.  ¿Te unirás a nosotros en esta Cuaresma (la cual comienza el Miércoles de Ceniza este 6 marzo) mientras clamamos por una Iglesia que sea a la vez casta y fructífera a través de una devoción indivisible a Jesús y de los unos por los otros?  Nosotros haremos nuestra pequeña parte a través de una serie de oraciones de Cuaresma de 6 partes.  ¡Que la oración abra un camino a través de la ambigüedad y la complicidad!

“Reconozcan sus miserias, lloren y laméntense.  Que su risa se convierta en llanto, y su alegría en tristeza.  Humíllense delante del Señor, y Él los exaltará” (Sant 4: 9, 10)

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