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Matrimonio Ensangrentado

El matrimonio es un asunto complicado. Tanto así que Jesús permitió que lo rechazaran y despreciaran por nosotros. Él derramó Su sangre para revelar nuestro punto de partida como cónyuges: “Oh Dios, el amor que deseo dar, ¡no lo doy!” O más exactamente, no puedo darlo. Señor, ten misericordia de mí, pecador.

bloodymarriageAnnette y yo acabamos de dirigir una ronda de “La Bella y La Brecha”, un curso de 8 semanas de duración en el cual invitamos a parejas frustradas para que juntos descubran la Cruz a través de intercambios misericordiosos de bendición, pecado y  necesidad. Cada pareja cargaba con distintas heridas, pero enfrentaban un bloqueo común para ofrecerse libremente el uno al otro. Colocamos una gran Cruz en medio de nuestra reunión como un recordatorio de que ese pacto de Jesús con nosotros -Su compromiso con el matrimonio- reemplaza al nuestro; nosotros avivamos la fe que de alguna manera Su sangre pudo cargar a través de los desechos que empañaban nuestro verdadero Yo ante la otra persona. Su Cruz también nos recordó que cuando se trataba de expresar cosas difíciles a la otra persona, o escuchar cosas difíciles, pudimos tomar nuestras pequeñas cruces y soportar la vergüenza y el dolor por el gozo puesto ante nosotros.

Algunas de las parejas pudieron apuntar a grandes pecados históricos como elementos que contribuyeron a la brecha actual. Unos cuantos habían pensado que el “matrimonio” podría curar la adicción sexual o la atracción hacia personas del mismo sexo o los temores profundamente arraigados; en verdad, se dieron cuenta de que un buen matrimonio saca a la luz antes de absolver. En un grupo anterior, una mujer expresaba cómo la confesión de su marido acerca de una letanía de pecados sexuales pudo haber sido según palabras de él “una resurrección”, pero para ella, ése fue el comienzo de una larga y lenta crucifixión. Ella tuvo que morir a lo que pensaba que sería su vida. Una fuente de seguridad se había convertido en una amenaza; su más cercano compañero de camino ahora era un pecador peligroso. ¿Cómo amar? “Señor, ten misericordia de mí, pecador…”

No estoy siendo romántico aquí. Todo pecado no es creado igual y ciertas traiciones requieren de límites sólidos a fin de proteger a la persona traicionada y provocar el genuino arrepentimiento por parte del pecador obvio. Pero también invita a la parte ofendida a considerar con su amor limitado- la forma en que él/ella ama de acuerdo con el contrato, porque el otro mantiene su parte del acuerdo matrimonial y por lo tanto justifica el amor de uno. Cuando ese contrato se rompe, uno se siente justificado en romper los votos. Pero nos casamos en base al pacto, la verdad de que hemos invocado a AQUÉL que derramó Su sangre para otorgarnos la misericordia necesaria para extender la misericordia, especialmente al pecador con el que estamos durmiendo.

Durante nuestra última noche en “La Bella y la Brecha”, el Espíritu me dirigió a Lucas 18: 9-14, donde Jesús da un sabio consejo a cualquier “persona confiada en sí misma que se cree justa” (vers. 9), es decir, el fariseo que daba gracias a Dios por no hacer de él un adúltero. Junto a él en la iglesia estaba uno de esos adúlteros que simplemente clamaba pidiendo misericordia. Dios salvó sólo a éste último (vers. 14). ¿Mi oración? Que la Cruz revele a todos los cónyuges nuestra incapacidad para amar al otro como deberíamos. Que la misericordia venga rápidamente al encuentro de quienes fueron fariseos y quienes fueron prostitutas y se casan; que el Dios sangrante sea glorificado en este quebrantado, llano y en última instancia hermoso terreno.

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