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Misericordia Confusa –

Las cosas se están complicando mucho más para la Iglesia.  El Arzobispo Carlo Mario Vigano —el embajador papal en Estados Unidos entre los años 2011 y 2016— alega que dio a conocer al Papa Francisco sobre los abusos homosexuales del Cardenal McCarrick en el 2013; además, Vigano afirma que el Papa no disciplinó a McCarrick hasta cinco años después (él se vio obligado a renunciar en junio), en parte debido a su fuerte alianza política: McCarrick abogó por la elección de Francisco para el papado y el Papa confió en él significativamente para que supervisara la Iglesia estadounidense.  Si estas acusaciones son ciertas, el Papa Francisco debería renunciar de inmediato.  Éste podría ser el momento decisivo para cambiar la crisis de abusos en toda la Iglesia a nivel mundial.

Archbishop Carlo Maria Vigano & Pope Francis

Hay mucho que me encanta del Papa Francisco, especialmente su acción hacia los pobres y los desplazados.  Pero su falta de claridad moral y las directivas pastorales hacia las personas que enfrentan la atracción hacia el mismo sexo siempre me han inquietado.  Yo lo percibo como un hombre que ha sido evangelizado por los homosexuales practicantes encantadores y lo han conquistado.  Su legado de “no juzgar” a las personas con atracción hacia el mismo sexo junto con su consejo de “acompañarlos” en su travesía conduce a un camino que no conlleva a ninguna parte.  La misericordia sin la verdad deja de ser misericordia en absoluto; simplemente confirma a las personas en sus vidas quebrantadas e infructuosas.  Y conlleva a tolerar comportamientos absolutamente viles e inexcusables en los líderes.  Francis juzgó a McCarrick demasiado tarde.

El informe de Vigano salió a la luz la mañana en que prediqué a una hermosa congregación en el Valle de San Fernando.  Teniendo en cuenta cómo la Iglesia de Los Ángeles vive de cara al dragón LBGT+, yo hice énfasis en el poder de la autoentrega de Jesús para ordenar el arrepentimiento de cualquier expresión sexual que se eleve por encima de Su Señorío.  La misericordia fluyó cuando muchos pasaron al frente para llorar ante el Crucificado, incluyendo Kim, una niña de 13 años que luchaba con atracción al mismo sexo y estaba confundida sobre si ella era o no una “lesbiana”.  Nosotros oramos por ella como con todos los demás, confiados en la capacidad de Jesús para reconciliarla con Su mejor deseo para con ella.

Esa iglesia es un testigo claro y cohesivo de cómo la misericordia y la verdad se encuentran.  En contraste, mi Iglesia Católica Romana es una casa dividida, si la carta de Vigano tiene algún mérito.  Él señala cómo la homosexualidad figura de gran manera en el actual escándalo, ya que la mayoría de los casos de abuso por parte de clérigos involucran a adolescentes varones, no a niños pequeños.  Vigano también describe cómo el Papa Francisco con la ayuda de McCarrick nombró a obispos estadounidenses con una sensibilidad de “inclinación homosexual”.

Todo esto en una Iglesia que tiene en su centro una visión robusta y vivificante de la sexualidad humana: la “Teología del Cuerpo” de San Juan Pablo II y el extraordinario papel que jugó el Papa en el Catecismo en el cual él define la castidad como integración —la reconciliación con nuestros cuerpos, nuestros géneros y nuestra libertad cuando son entregados a Cristo para ofrecernos de forma pura y gentil los unos a los otros.

Donde la castidad es burlada por los clérigos divididos que guían a las ovejas en la oscuridad, nosotros debemos reclamar esta visión dinámica de la sexualidad humana y buscar vivirla con toda Su fortaleza.  Nosotros podemos asumir la responsabilidad y actuar de acuerdo con lo que nuestro Dios misericordioso nos ha enseñado, a pesar de los pastores no inspirados.

 

En cuanto a los pastores, que Jesús mismo levante Su espada sobre todos los sacerdotes, obispos, cardenales y papas que profanan a los hijos de Dios mediante el abuso, su encubrimiento y la promoción de las libertades LGBT+ paganas que esclavizan a los pequeños.  Yo estoy orando para que muchos se sometan a Cristo y renuncien tras esta reciente depuración, incluido el Cardenal Wuerl quien supuestamente supo de la maldad de McCarrick durante años y no hizo nada.

Los pastores infieles nos han reducido.  Ellos deben irse.  Durante demasiado tiempo los pastores han ondeado la bandera del arco iris sobre las ovejas en vez de enseñarles a levantar la Cruz —el Cristo Crucificado y levantado en alto— como el único medio a través del cual podemos reconciliarnos con la buena voluntad de Dios para con nuestra sexualidad.

Kim se merece algo mejor.  Yo me estremezco al pensar en ella en manos de un McCarrick o incluso en el consejo conciliador del Papa Francisco.  Ella necesita una misericordia pura, libre de las aguas fangosas que fluyen del Vaticano.  También la necesitan todos los fieles católicos cuyas vidas y familias están siendo sacudidas por las mentiras LGBT+.

 

 

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