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Leanne Payne solía citar la frase de Charles Williams: “El infierno es una imagen que no conoce de más conversión” en referencia a las personas que se estancan en su crecimiento como personas y dejan de aspirar a más.

Eso me vino a la mente cuando leí una reseña sobre la más reciente película ex-ex-gay “Pray Away” (la traducción en español sería algo así como “Torturando con Oración”).  Lo han escuchado todo antes —cristianos con problemas de identidad sexual que luchan por la castidad y luego ceden ante el ancho camino de las opciones LGBT+.  En vez de pasar silenciosamente por su tormento, ellos viven para atacar a todos los que apoyaron su compromiso anterior.

Este docu-melodrama lleva el género ya gastado (“lo intenté, me mentí, ahora denigro”) a nuevas bajezas de irracionalidad.  Lean algunos estos extractos de la película:

¡Vean a estos “desertores de la derecha religiosa” en un “relato aleccionador de la homofobia tóxica” impulsada por “nociones barbáricas de obligar a las personas a vivir una mentira” a través de “denigrantes programas de modificación del comportamiento”! ¡Sorpréndanse mientras ellos son “alimentados con dosis de autoaborrecimiento internalizado mientras que su trauma es moldeado por líderes religiosos manipuladores para convertirlo en un testimonio”! ¡Indígnense de sus “rituales de autolesión”! ¡Admiren que “él nunca vivió un día honesto en su vida” aunque “su cuerpo de ‘mujer’ nunca le permitió seguir mintiendo”! ¡Descubran “la amarga verdad sobre una práctica moral y psicológicamente infundada”! ¡Ténganles miedo, mucho, mucho miedo!

Ya basta.  Además de la crítica exagerada del Hollywood Reporter, el atractivo limitado de este género se basa en personas que toman nuevas decisiones sobre su sexualidad y luego revisan la historia, por ejemplo, redescribiendo a su modo a los bastante buenos cuidadores cristianos (yo soy uno y los conozco a la mayoría de ellos) como monstruos de la laguna negra.  Las estrellas ex-ex-gay se convierten en encantadoras víctimas que se deleitan en su gran escape y sus 15 minutos de fama.

Yo sostengo que estos arrepentidos devotos del arcoíris ahora están en conflicto, y que su conflicto se expresa en dicha revisión histórica.  Es un mecanismo de defensa probado y verdadero: “debajo de todo esto, no estoy seguro si tengo razón sobre esta superautoautopista gay, así que me siento obligado a satanizar todos los viejos recordatorios de mi camino anterior, en este caso, los cristianos ortodoxos que me animaron sobre lo que es difícil y contracultural”.  Jesús lo llamó “el camino angosto que conduce a la vida”. 

Triste.  Mi esposa Annette lo dijo mejor: “¿Qué es lo que ahora tienen estos hombres y mujeres? ¿La libertad de acostarse con sus compañeros de cuarto?  Yo conozco la profundidad de la atracción hacia personas del mismo sexo, pero aún más profunda, es la increíble aventura de convertirse en el hombre del diseño de Dios.  Es más conflictivo oponerse al camino de la Cruz por las libertades “homosexuales” que rendirse a Aquél quien más me ama.  El infierno es una imagen que no conoce de más conversión.

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