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¿No Te Sientes Ofendido?

Juan el Bautista, encarcelado y ardiendo de esperanza por el Mesías, envía a sus amigos a verificar si este Jesús en verdad era Él, a quien esperaban.  ¿Cuál fue la respuesta de Cristo?  “Vayan y cuéntenle a Juan lo que están viendo y oyendo: Los ciegos ven, los cojos andan, los que tienen lepra son sanados, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncian las buenas nuevas.  Dichoso el que no tropieza por causa Mía” (Mt 11: 4-6).

¿Por qué los milagros de transformación realizados por Jesús nos ofenden?  El Pastor Jimmy Siebert, fundador del movimiento evangélico de plantación de iglesias de Antioquía, hace poco tiempo fue duramente criticado por defender cómo sus congregaciones están ayudando a las personas con atracción hacia el mismo sexo a “descubrir quién es Dios y quiénes los creo Él para que fueran…  Yo he visto cientos de personas cambiar su dirección del AMS a un estilo de vida heterosexual.  Eso no significa que no haya lucha…  pero siempre ha habido gracia para los que eligen eso”.

¡Sí y amén!  Nosotros honramos la obra de Siebert y Antioquía —una nueva ola de misericordia que fluye a través de EEUU y del mundo con el fin de brindar apoyo comunitario a las personas que se convierten de todo tipo de falsas identificaciones y se vuelven a Jesucristo.  Entre ellos están personas que quedaron ciegas, cojas, sordas y pobres por las hazañas del “Yo gay” y que descubren una forma de ser completamente nueva en Cristo y Su Iglesia.

Ofensivo.  Lo que una vez pudo parecer una expresión ordinaria del amor transformador de Jesús ahora se ha convertido en un banquete para los buitres de los medios de comunicación.  Y tristemente, como en los días de Jesús, a menudo es la institución religiosa la que se une a las acusaciones.  Recuerden, fueron los fariseos y los saduceos quienes protestaron contra el poder de Jesús que hace maravillas.  Ellos consideraron Su misericordia todopoderosa como perturbadora e intrusiva; Él invadió su dominio con el poder de liberar a los cautivos.  Él expuso su incapacidad de llamar a las personas a salir de la tumba del pecado y de la muerte.  Ellos se ofendieron y lo mandaron a asesinar.

De manera similar, los Jimmy Sieberts están entre los pocos hombres de iglesia audaces que hacen más que defender la ley de Dios –¡ellos promueven Su poder para levantar a los pecadores de entre los muertos!  Sin lugar a dudas, liberarse de la identificación LGBT y convertirse en una persona íntegramente arraigada en Cristo no es ningún milagro menor.  Esto requiere nada menos que la unión de nuestra pobreza reconocida con Aquél cuyo amor rompe el bajo techo impuesto por nuestra rebelión y una cultura incrédula.

Dicho descubrimiento debería parecer plausible en esta temporada de visitas angélicas, vírgenes embarazadas y estrellas guías; sin embargo, encuentro constantemente a Católicos y Evangélicos que se sorprenden ante la perspectiva de que Jesús en realidad tenga el poder de reestructurar interiormente a las personas con trastornos sexuales.

Quizás ése sea el problema.  Cansados y mundanos, ahora tendemos a dudar de que haya algo “trastornado” en cuanto al tema de la atracción hacia las personas del mismo sexo, o cualquier otra variación de género.  Reconocer la transformación de otra persona sería admitir que tal vez algo está mal —con un ser querido o con uno mismo.  Y que estamos equivocados por conformarnos con menos de lo que es el mejor deseo de Dios para con nosotros.

Y si algo está mal, ¿entonces qué? ¿Tiene Dios cosas buenas para nosotros más allá de nuestros acuerdos con el status quo? ¿Nos tendrá Él paciencia en nuestros esfuerzos frágiles e inconsistentes para convertirnos en todo lo que Él nos ha llamado a ser?

Nosotros estamos en el centro de Su corazón.  El Adviento es un tiempo de esperanza por más, de reconocer que los desiertos en nuestras vidas son en realidad territorio virgen, el mismo terreno en el cual Jesús quiere impartir en nosotros la semilla y el agua y el aliento para hacernos fructíferos.  Un Niño está por nacer; Él promete convocar a una multitud de hijos e hijas de los muertos del pecado.

“Se abrirán entonces los ojos de los ciegos y se destaparán los oídos de los sordos; saltará el cojo como un ciervo, y gritará de alegría la lengua del mudo” (Is 35: 5, 6).

 

 

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