Casa > aguas vivas > Pan Vivo, para el Mundo

Mucho antes de centrarme en la Eucaristía como el foco de adoración —la verdadera comida que celebran los católicos— entendí esta partición del pan como la manera en cómo nosotros los santos podemos dar a conocer nuestro quebrantamiento los unos a los otros en comunidad.  La “comunión” implica precisamente eso—reunirse en comunidad ante el Crucificado a fin de poner nuestras vidas heridas en la Suya.  De alguna manera, Él nos quita las fachadas y nos hace mejores dones para el mundo— un poco más humildes, transparentes y misericordiosos.

La comida que nosotros compartimos no es un sacramento oficial, sino más bien la gracia común de la “reciprocidad” que de alguna manera nos da una participación en las palabras de Jesús (Jn. 6:51): “Yo soy el pan vivo que bajó del cielo.  Si alguno come de este pan, vivirá para siempre.  Este pan es mi carne, que daré para que el mundo viva”. 

Cuando nos reunimos en Filadelfia la semana pasada para la Conferencia “El Género Sí Importa”, me preguntaba quién partiría el pan con nosotros.  No conozco a muchos católicos allí (la conferencia patrocinada por la Diócesis) y no soy muy conocido por esos lados.  Alabado sea el Señor. 

Cuán sorprendido quedé al descubrir una gran cantidad de santos humildes y hambrientos de esa área que se unieron para “comer” con nosotros ese día —para ir más allá en la pequeña forma de ofrecer nuestras vidas heridas a Jesús y a los demás para que Él pueda sazonarnos y consolidarnos— ¡al menos lo suficiente para que nosotros convirtamos al mundo en vez de que éste nos convierta a nosotros!  Mi temor se convirtió en fe cuando conocí a una persona tras otra a quien Jesús había conectado con nosotros a través de una persona que conocía a otra persona que conocía a otra, etc. 

Este es el milagro de la Iglesia de Jesús compuesta por Sus muchos miembros —pequeños granos de trigo, cada uno, aplastados en rendición a Jesús y liberando muchas semillas en la muerte que dan mucho fruto (Jn. 12:24), especialmente cuando nos reunimos a fin de convertirnos en el “pan vivo” juntos.

El milagro de muchos miembros —el Arzobispo Chaput bendijo nuestro encuentro al confiar en mi colega Marco Casanova quien acaba de terminar el seminario allí en Filadelfia.  Con el visto bueno de Chaput, Marco comenzó a conectarse con amigos en el área que amaban a Marco y querían saber qué estaba haciendo.  Yo había venido a menudo a Filadelfia para ser convertido por Christopher West y compañía (su interpretación del trabajo de San Juan Pablo II es espléndido), por lo que él hizo su parte en dirigir a nuestros amigos hacia nosotros, incluyendo sus padres y hermana quienes ahora son miembros fundadores de la familia de Aguas Vivas.  En el Instituto West, yo había conocido al Teólogo Moral y Bioético Dr. John Haas a quien respeto más que a ningún otro, así que yo fui incrédulo cuando él aceptó abrir nuestra comida con una palabra sobre la dignidad de la humanidad de género que impresionó a todos.

Especialmente encantadora fue una mesa llena de monjas radiantes —llamadas acertadamente las Hermanas de la Vida— quienes fueron dirigidas allí por mis mejores amigos de la ciudad de Nueva York, Joe y AnneNolte, ¡quienes saben todo sobre mí y aman este trabajo de todos modos!  Nos hospedaron en la parroquia de Monseñor Hans Brouwers quien había comenzado Courage en Filadelfia años atrás; su defensa vital y paternal fue sanadora para todos nosotros.  Nosotros amamos Courage y nos animamos a participar de sus esfuerzos pioneros en Filadelfia.  También nos acompañaron amigos de Baltimore que aman Courage y Encourage, al igual que algunos muy buenos amigos evangélicos de Abbey de sus días en el Estado de Pensilvania.

No hay suficiente espacio para mencionar a muchos más.  Es suficiente decir que Jesús está uniendo a Sus miembros para convertirse en una fragante y nutritiva hogaza de “pan vivo”.  ¡Lo está haciendo!  No temamos; más bien contemplemos al Espíritu mientras Él unifica a los santos quienes juntos se están volviendo hacia afuera para convertirse en la “verdadera comida” para un mundo que se ahogará en sus propios venenos hasta que nos convirtamos en lo que comemos —el cuerpo sanador de Cristo, quebrantado para el mundo.

Dios los bendiga a todos.  Únase a nosotros en nuestro ayuno de 40 días “Convirtiéndonos en las Buenas Nuevas” por los perdidos y los menos favorecidos, a partir del 16 de octubre.  ¡Más sobre esto la próxima semana!

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