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Por qué el Género Importa 4: Vándalos del Género –

“Los índices de suicidio son casi veinte veces mayores entre los adultos que reciben terapia de reasignación hormonal y se someten a una cirugía de reasignación de sexo…” Dr. Paul McHugh

Daniela Vega

“Una Mujer Fantástica” no lo es, aunque ganó como la mejor película extranjera en los Premios Oscar de la semana pasada.  Presenta a un actor transgénero (Daniela Vega), o mejor dicho, un hombre que pretende ser una mujer.  Yo había visto escenas de la película unas semanas antes y me dejé llevar por el elocuente surrealismo de esta “mujer” hasta que discerní un alma masculina torturada bajo las capas de los cosméticos y las manipulaciones dramáticas.  Nada menos que el mal —el engaño de que los juegos mentales de género pueden dominar la verdad de la propia biología.

Este es un engaño costoso.  Mata el cuerpo.  Lejos de los vestidos de diseñador y los cambios de imagen de la noche de los Oscar, en la que Vega presentó a la mejor película nominada “Llámame Por Tu Nombre” (ya sabes, el suave jugueteo pornográfico “gay” entre unos jóvenes de 17 y 25 años) susurrando: “¿No puedes sentirlo?”, yo estaba esperando en un descuidado consultorio médico en Kansas City donde fui testigo de un hombre que estaba “en transición” que sufría un colapso mental mientras le insistía a la recepcionista que debía ver al médico de inmediato debido a cambios alarmantes en su cuerpo.  Su letanía de males no se detendrá.  Sus esfuerzos por matar su marco masculino lo están matando.  Los esfuerzos de transgénero, alimentados por el odio a sí mismo, aniquilan al verdadero Yo.

También mata el alma.  Cualquier  persona que mire al impostor sabe quién es él.  Ella no existe —solo un esfuerzo condenado por ser lo que no puede comprender.  Socialmente, el mundo que lo rodea no puede evitar responder auténticamente, lo que en el mejor de los casos es mirar inquisitivamente a un alma torturada.  No es de extrañar que los índices de angustia mental escalen: el sueño de ser adorado como “el otro” se convierte en una pesadilla de ojos inquisitivos.  Sin embargo, el alma “transgénero” insiste en que todos cambien junto con él; él considera cualquier cosa menos el “odio”.  Lo que más odia es la suposición de que la “aceptación” significa acompañarlo a la muerte.  Yo estoy asombrado de las exigencias monstruosamente egoístas que el aspirante “transgénero” hace a todos los que lo rodean.

Mata el espíritu.  A los demonios les encanta aprisionar las almas en el infierno de la reasignación de género.  Aman las heridas, el vacío y la crueldad que soportan muchas almas jóvenes y sensibles; nuestro enemigo común crea la fantasía de escapar hacia otra identidad.  Los demonios habitan en la irrealidad y satanizan a los que repudian y desfiguran la realidad.

Daniel Delgado

Hace 15 años, mi amigo y colega Daniel Delgado, haciéndose pasar por una chica glamorosa, discernió un espíritu de muerte y destrucción a su alrededor; él fue testigo de su impacto en la muerte de amigos “transgénero” a través de las drogas, asesinatos, enfermedades y suicidios.  El Espíritu Santo le dio un temor santo y él volvió a Jesús otra vez, sólo que esta vez para siempre.  Impulsado por el Espíritu, Daniel se inmergió en una comunidad que eligió amarlo como el hombre extraordinario que era y es.  Hoy en día él valora lo que es real y verdadero acerca de sí mismo y de Su Salvador.  Él es uno de los mejores hombres que conozco.

Satanás odia la realidad.  Nuestra carne ama la irrealidad.  El mundo otorga Óscares a la irrealidad.  Nosotros, la Iglesia, debemos levantarnos en sus antiguos cimientos: encarnar y declarar lo que significa ser humano y cómo Jesús, a través de su Espíritu vivificante, rompe el dominio de la irrealidad y nos libera para nos convirtamos en el ser que Dios creó en nosotros.

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