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Por qué el Género Importa 3: Lo que los Niños Necesitan – 

“Instamos a los profesionales de la salud, a los educadores y a los legisladores a que rechacen todas las políticas que condicionan a los niños a aceptar como normal una vida de suplantación química y quirúrgica de su sexo por el sexo opuesto.  Son los hechos, no la ideología, los que determinan la realidad”. – Colegio Americano de Pediatras, Mayo 2017

Los niños quieren pertenecer.  Nosotros descubrimos quiénes somos en comunidad a través del estímulo positivo y el refuerzo de nuestro género biológico.  Ése puede ser un camino difícil más para algunos que para otros.  Nosotros los que ayudamos a un luchador a hacer las paces con su género ayudamos a esa persona a dar un paso necesario hacia la realidad.

Yo era un chico afeminado.  Es difícil recordar una escena familiar de mí en mis primeros años con esmalte de uñas, quedándome rezagado en relación a mis hermanos y acompañado de mi hermana menor.  A los seis años de edad, recuerdo haber jugado con falda y que mi madre me “sorprendiera” haciéndolo.  Yo estaba avergonzado, consciente de que mi fantasía chocaba con la realidad de ser un niño.  Mi mamá fue grandiosa.  Ella dijo: “Sabes, está bien jugar una o dos veces a ser alguien que no eres.  Puede hacerte entender mejor a esa persona.  Pero eres un chico.  Y no es bueno practicar ser alguien que no eres.  Tú eres un niño y los niños no usan faldas”.

Mi madre no aumentó mi vergüenza.  Pero corrigió mi irrealidad.  Gracias a Dios que ella no alentó mi “expansividad de género”; en vez de eso, ella reforzó la bondad del niño que yo era, uno que necesitaba hacer de las paces con su género.  ¡Eso incluía aceptar las buenas restricciones como no travestirse!  Apartar con mucho tacto y suavidad a un niño de lo que le dificultará ajustarse a la realidad es amor, puro y simple.

Desafortunadamente, nosotros traicionamos a los niños cuando confundimos sus personificaciones del sexo opuesto como una especie de realidad definitiva para ellos.  Recientemente en un salón de clase de tercer grado, la maestra presentó a la clase una niña “que se había convertido en un niño”.  Ella (la maestra) insistió de manera cariñosa en que toda la clase acogiera a “Tom porque eso es lo que él realmente es ahora”.  Cualquier cosa menos que eso, agregó el maestro, no era amoroso ya que rechazaba el verdadero Yo de Tom.

La hija de un amigo mío llegó a casa y le contó el incidente a su madre.  Ella era una niña cristiana a la que le habían enseñado toda su vida que el amor era lo mejor.  Ella se puso visiblemente angustiada cuando su madre señaló suavemente que uno podría amar a “Tom” dándose cuenta de que ella está triste y confundida, pero que en realidad no era un niño ya que es imposible cambiar el propio género.  La madre mencionó cómo Dios nos hizo como hombres o mujeres, y aunque puede ser difícil vivir para algunos, no podemos cambiar el ser que Él creo en nosotros.

Su hija se confundió más emocionalmente —aquí había un enfrentamiento del Reino, dos puntos de vista contradictorios sobre el amor, la aceptación y la identidad— ¡era demasiado para que lo entendiera completamente una niña de ocho años!  La mamá amablemente le dio espacio a su hija y luego ella y su esposo pasaron algún tiempo con ella leyendo la Biblia, orando, mientras intentaban continuar la conversación en otro momento.  Su compromiso es que su hija viva en la realidad del Amor.  Así debería ser para todos nosotros los que valoramos la libertad humana.

“Padre, perdónanos por negar la realidad frente a la confusión de otra persona.  Continúa enseñándonos qué es el amor, mientras acompañamos a las personas atrapadas en el fuego cruzado de las falsas libertades.  Oramos especialmente por los niños que necesitan padres amorosos y otros cuidadores para ayudarlos a integrar su valor de género”.

 

 

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