Casa > aguas vivas > Preparad el Camino al Señor

Annette Comiskey

Yo estaba en el último año de la escuela secundaria en 1974 y nuestro grupo de jóvenes de la iglesia estaba obsesionado con el espectáculo de Broadway “Godspell”, una versión contracultural y moderna de Jesús y Sus discípulos.  La película se había estrenada en 1973 y sabíamos todas y cada una de las canciones de memoria.  Durante el Adviento de ese año, nuestro valiente pastor nos dio permiso para dirigir el segundo domingo en el culto de Adviento en la iglesia.

El culto comenzó en silencio y oscuridad.  Uno por uno, los miembros con buenas voces para cantar (¡yo no entre ellos!) se levantaron entre los bancos y cantaron “Preparad el Camino al Señor” y luego subieron al escenario.  Yo humildemente ocupé mi lugar en el “coro” menos talentoso que ayudó (en voz baja) con el final de la canción.    

Una vez que terminó la canción, compartimos con la congregación lo que significaba para nosotros preparar nuestros corazones para el Señor.  Fue uno de esos días que nunca olvidaré; me llena de gozo hasta el día de hoy.  Todavía me maravillo del honor que Dios le dio a Juan el Bautista.  Dios le dio un don extraordinario.  Juan no sólo proclamó la venida del Señor (Marcos 1: 3), sino también la llegada de Jesús como “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).

Cosas embriagadoras para un profeta; Juan poseía la fe sencilla como un granito de que Jesús era en verdad el único Hijo de Dios, la única manera de relacionarse con el Padre.

El Adviento es un tiempo para que yo me humille y limpie las cosas que he permitido que obstruyan el camino de Jesús en mi corazón.  Claro, Andy y yo hemos soportado nuestra parte de tristeza y dolor, pero Dios nos ha bendecido más de lo que nos ha afligido.  Nuestros hijos han crecido y aman al Señor; tenemos increíbles nietos para disfrutar.  Hemos “sobrevivido” 40 años de difícil ministerio y vemos el fruto del Ministerio Desert Stream en todo el mundo.  Tenemos el privilegio de trabajar entre el personal y los líderes “escogidos” por Dios que se unen a nosotros para equipar a los demás, a través de la misericordia de Dios, para buscar la integridad radical que Él ofrece a Sus hijos e hijas.

Quizás soy demasiado bendecida.  Puedo sentirme tentada a sentirme satisfecha y asentada en mi relación con Dios.  Sé orar bastante bien, tengo una buena comprensión de las Escrituras y puedo volverme orgullosa de mis dones y conocimientos.  Este año, más que nunca, entro en el Adviento consciente de una cierta complacencia.  Pero Dios me advierte del falso contentamiento: “Mujeres despreocupadas, ¡levántense y escúchenme!  Hijas que se sienten tan confiadas, ¡presten atención a lo que voy a decirles!” (Isaías 32: 9).

Dios me está llamando a tener un corazón como el de Juan el Bautista.  Él me está desafiando a vivir como para señalar a otros a Cristo: no juzgándolos, sino implorándolos, con compasión, ¡a que se reconcilien con Dios (2ª Cor. 5:20)!  Quiero despojar mi corazón de cualquier cosa que me impida preparar el camino para que conozcan al Padre como Jesús lo conoce.  Al igual que Juan, yo quiero ser menos para que Jesús pueda llegar a ser más.

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