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Dana Epperly

La Sagrada Familia: José, María y Jesús.  Guau.  Mientras reflexiono sobre este trío sagrado, me pregunto: “¿cómo rayos podríamos imaginarnos vivir una vida comparable a este modelo?” ¿Imposible?

¿Hay esperanza de libertad y auténtica santidad en nuestras familias?

Yo iba y retrocedía, entrando y saliendo del estilo de vida lésbico y del alcoholismo durante casi 15 años.  Me involucraba emocional y sexualmente con una mujer, entonces Dios condenaba mi corazón.  Yo confesaba mi pecado y, dos semanas después, volvía a estar en el bar bebiendo y divirtiéndome con mujeres nuevamente.  Repetí este círculo vicioso de destrucción una y otra vez.  Estaba cansada de librar una pelea que parecía estar perdiendo en cada esquina.  Pensé: “¿Por qué estoy luchando?”  Me hundí en lo que los demás decían que yo era y abracé todo lo “gay”.

Dana Epperly

Esa decisión afectó lo más profundo de mi corazón y mi vida, especialmente mi relación con mis padres.  Durante mi “estilo de vida lésbico”, el relacionarme con mis padres se volvió extremadamente difícil para todos.  Nos desconectamos mucho.  No podíamos compartir nada sin tomarlo demasiado personal, así que siempre evitábamos el “elefante en la habitación”.  Éramos como agua y aceite tratando de unirse.  Simplemente no funcionó.

Mientras caía en el pecado y la adicción, la oscuridad se apoderó de cada parte de mi vida.  Ésta me separó de Dios y de todos los que yo amaba.  Juan 10:10 dice: “El enemigo viene a robar, matar y destruir”.  Eso fue cierto para mí y mis padres.  El enemigo robó nuestra cercanía; él estaba acabando con mi relación con ellos y con nuestra familia en general. 

Mateo 9:26 describe a Jairo cayendo a los pies de Jesús y rogándole que salve a su hija que parecía estar muerta.  Jesús amaba a Jairo y no dudó en ir con él a verla.  Jesús está lleno de compasión: Él siente el dolor que siente Su pueblo.  A Jesús le agradó que Jairo tuviera la fe para acudir a Él.

Mi mamá y mi papá eran como Jairo.  Ellos también cayeron a los pies de Jesús y le suplicaron que viniera y me salvara de la muerte.  Cuando todos parecían desesperados, yo creo que ellos también escucharon la voz de Jesús que les decía: “Dana no está muerta, ella sólo está durmiendo”.  La fe les hizo creer que yo era más que la suma de mi triste condición. 

En verdad, mis padres pasaban por temporadas de incredulidad y duda en el poder salvador de Dios.  Esto tiene sentido: yo estaba espiritualmente muerta.  Ellos se esforzaban por ver la luz y esperaban por mí y luego luchaban por seguir buscando.

Finalmente, yo llegué al final de mí misma a través de algunas circunstancias extremadamente difíciles.  Me di por vencida y me entregué al amor misericordioso e implacable de Jesús por mí.  A través del arrepentimiento, me di cuenta de que el amor de mis padres por mí PERMANECIÓ INAMOVIBLE.  Ellos no se movieron y el amor de Dios por mí NUNCA se movió tampoco.

Fue Su bondad amorosa la que me llevó al arrepentimiento.  Aunque mis padres no eran perfectos, puedo decir honestamente que me amaban bien y sufrían mucho por mí.  Creo que su amor ha sido un hermoso reflejo del amor del Padre (ABBA) por mí.  El verdadero arrepentimiento de mi corazón me ha reconciliado con el Padre y la sangre del Cordero nos ha hecho familia una vez más.  ¡Es verdaderamente glorioso!

¡Estoy asombrada de cómo Dios hace nuevas todas las cosas! Dios no sólo me libró y me devolvió la vida; Él nos UNIÓ MÁS como familia.  Él ha sanado y restaurado nuestra relación al orden que le corresponde.  Mis padres y yo ahora podemos compartir la Palabra de Dios juntos de una manera íntima.  Alabamos juntos a Dios.  Oramos y luchamos en el Espíritu y ahora estamos en la brecha por aquéllos que están perdidos y quebrantados en adicciones.

Ahora somos más cercanos que antes y somos UNO EN EL ESPÍRITU DEL SEÑOR.  Eso es lo que nos hace uno.  Su Amor nos une.  ¡Somos una Familia otra vez! ¡Hay LIBERTAD y ESPERANZA en mi familia nuevamente! ¡El Señor ha convertido nuestro lamento en danza! ¡Alabado sea Su Santo nombre!

¿Podemos alcanzar este tipo de santidad en nuestras propias familias? Yo lo creo porque lo pruebo ahora.  Yo saboreo la bondad del Señor en la tierra de los vivientes.

Independientemente de cuán imperfectos seamos, yo animo a cada uno de nosotros a buscar este tipo de libertad en nuestras relaciones familiares.  Miremos a la “Sagrada Familia” y oremos por más en nuestras propias familias.  Nosotros podemos alcanzar la gracia de la santidad en nuestras familias.  Ésta es alcanzable porque la misericordia de Dios fluye a través de nosotros.

“Para los hombres es imposible, mas para Dios todo es posible” (Mt. 19:26)

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