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Reprendiendo al Devorador

La otra noche vi un poder demoníaco en un sueño; la entidad parecida a una masa amorfa tenía poca forma y era ocultada por la oscuridad.  Hacía diversos sonidos como si se estuviera alimentando de algo.  Aunque no pude ver su objetivo, me di cuenta que la “cosa” estaba decidida a alimentarse de una persona, cualquier persona.

En el sueño, recordé una línea de una película en la cual el actor decía irónicamente: “Yo duermo con todos mis amigos”.  Esta entidad estaba abierta a cualquier género, cualquier persona que se asociara con ella practicando indiscriminadamente sexo de cualquier tipo.  Era codiciosa e insaciable, como si su lujuria no pudiera ser satisfecha.  Daba la impresión que estaba decidida a devorar a su presa, exprimir a la persona.  Yo pasé de una ligera intriga a la repulsión cuando me di cuenta que el espíritu impuro quería la sangre de las almas encarnadas y emplearía la inmoralidad sexual para conseguirlo.  Yo reprimí la cosa devoradora en el nombre de Jesús y desperté.

Yo abordé el sueño con mi esposa y luego con el personal de Desert Stream.  Nosotros pensamos en una generación acostumbrada a la pornografía y preparada para el sexo “amistoso” con cualquiera de los dos géneros; le abrimos las puertas a la lujuria que ya habíamos resquebrajado en nuestra propia imaginación.  Y consideramos cómo la sexualidad ilícita aparenta falsamente ser una realización, pero en realidad nos quebranta.  En verdad, la lujuria se disfraza de amor, pero tiene el poder de destruir a las personas (y los matrimonios) que la acogen.  Estuvimos de acuerdo en que la Cuaresma no es lo suficientemente larga para luchar contra la batalla por las almas que se libra hoy en día por las pasiones depredadoras.

Nosotros confesamos nuestros compromisos y reprendimos al devorador.  Hicimos ambas cosas: arrepentirnos y renunciar.  No estamos lidiando sólo con los deseos de la carne, sino con los principados que desean nuestra sangre.  Nosotros combatimos la lujuria con la sangre de Jesús y la autoridad que Él da a los fieles para orar unos por otros para que podamos ser sanados, embajadores de la libertad para una generación cautiva.

“Practiquen el dominio propio y manténganse alerta. Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar.  Resístanlo, manteniéndose firmes en la fe, sabiendo que sus hermanos y hermanas en todo el mundo están soportando la misma clase de sufrimientos”.

(1ªP 5: 8, 9)

 

 

 

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