Casa > aguas vivas > Resplandor a partir de las Ruinas: Orando por los Sacerdotes

Lo que me había sido extraño —un misterio revestido de negro, excitante y distante, hombres en las rectorías, célibes pero sospechosos— se volvió atractivo y vital a través de verdaderos sacerdotes que me amaron bien.  Los sacerdotes que conozco poseen una compasión armoniosa que ha profundizado mi confianza en Jesús a través de Su Iglesia.  Ningún sacerdote tiene suficiente tiempo y recursos, pero su “sí” fiel a mí ha sido la ocasión más de una vez donde he visto al Padre multiplicar su pan y peces muchas veces.

El sacerdote trae una fiesta —él ofrece el sacrificio de Jesús en el altar; él hace de la Misa una verdadera comida, el centro del culto católico.  Tal vez es por eso que algunos de los devotos se remiten a él servilmente, y se vuelven casi infantiles ante su “poder”.  En vez de tratarlo como un icono de lo divino, lo convierten en un ídolo.

El ídolo ha caído.  Se encuentra ante nosotros en pedazos, un ser humano dividido, derramado y sangrando, posiblemente infeccioso.  Por supuesto que no todos los sacerdotes cometen abusos; la mayoría no lo ha hecho.  No importa.  Nosotros no discriminamos.  Atacados casi todos los días por otra apestosa oleada de acusaciones de abuso, nos preguntamos qué se esconde debajo de cada sotana.  El valiente sirviente de cuello que corre por el aeropuerto o la oficina de correos provoca nuestra reacción sombría: “Me pregunto qué está escondiendo…”  Él no es tonto; él ve tu desconfianza.  Los sacerdotes sabios le ofrecen eso a Jesús como una oración por las verdaderas víctimas.

Todo sacerdote hoy en día comparte el sufrimiento de los pequeños sacrificados en los altares de colegas satanizados —tanto vivos como muertos.  Ellos saben lo que representan para nosotros en nuestra desilusión.  Ellos oran más; ellos reciben el golpe.

Oren por ellos.  Ellos depusieron sus vidas por esta Iglesia que visitamos semanalmente en el mejor de los casos.  Ellos viven ahí.  ¿No experimentan ellos nuestra decepción compartida en ella muchas veces?

Cuando considero las necesidades de oración de los sacerdotes, veo lámparas de aceite hechas de barro con sencillos globos de vidrio.  ¿Podríamos orar primero para que la fuente de esa luz —Jesús— esté viva y bien en cada sacerdote? ¿Podríamos orar por una unción especial en esta temporada para que cada sacerdote “se acerque confiadamente al trono de la gracia para que reciba misericordia y halle la gracia que le ayude en el momento que más la necesite” (Heb 4: 16)?  Su necesidad de Jesús nunca ha sido mayor.

Entonces podemos orar por las proyecciones de otras personas sobre su “lámpara”.  En mis oraciones, yo veo que le arrojan suciedad, juicios impíos que infligimos sobre un ser humano que merece nuestro respeto hasta que demuestre que no es digno de él.  Pecamos contra un siervo de Dios cuando asumimos lo peor de él; opacamos su globo como el barro que salpica una casa o la luz de una calle.  Oren para que el Jesús Sanador le haga saber a su corazón cualquier forma en que haya sido opacado desde afuera, por una acusación sin fundamento.  Oren también por un nuevo brillo de su globo mediante la misericordia pura —purificación de la sangre y el agua para que él pueda dar a conocer a Jesús a los demás de una manera clara y sin distorsiones.

Luego podemos orar por su corazón, su fuente, donde él pueda acoger a la Fuente y permanecer fiel e indiviso en su vida moral.  Estos escándalos de abuso han revelado las vulnerabilidades de los sacerdotes a la inmoralidad —no solo en el extremo con niños, sino también con adultos, con pornografía, en sus propias imaginaciones caídas.  ¿Podríamos orar por una nueva humildad —un fuego inspirado sobre el sacrificio de su vida, que pueda impulsarlo a rendir cuentas a sus sabios amigos y ancianos?  Ya no solo Jesús —Él nos invita a compartir nuestras divisiones con Sus miembros.  Oremos para que los sacerdotes descubran voluntariamente comunidades nuevas y desafiantes donde lideren en debilidad moral, descubran el amor como nunca antes, y aprendan a rechazar una gran cantidad de falsificaciones que se reproducen de manera aislada.

Por último, pido que oremos para que los sacerdotes descubran un nuevo impulso por compartir su humanidad con nosotros.  Las reglas tácitas de la “prudencia” han hecho que la mayoría de los sacerdotes sean grandes en “enseñanza” y bajos en cuanto a revelaciones sobre sí mismos.  Hoy en día necesitamos del testimonio de cómo vivir la verdad en el amor; ¿cómo trabajan realmente los sacerdotes su integración como célibes? Todos nos beneficiamos del hecho que nuestros líderes compartan un poco cómo se mantienen a la vez puros y abiertos a los miembros de Jesús.  Aparte de las prohibiciones trilladas, ¿qué hacemos con los anhelos de amor cuando no hay una salida genital?  Oren para que los sacerdotes nos dejen con prudencia y franqueza un poco en su proceso de santificación.

En cuanto a los fieles que han adulado demasiado al “padre” y que ahora son allanados por su base de barro agrietado: oren por ese sacerdote.  Y arrepiéntanse del infantilismo que hizo de la vasija un ídolo.  Él es solo un hombre con un llamado que requiere de nuestras oraciones.  Cada uno de nosotros tiene un sacerdote que necesita emerger en nombre de nuestros amados sacerdotes.  Yo por una parte quiero ayudarlos a brillar.

“Tenemos este tesoro en vasijas de barro para que se vea que tan sublime poder viene de Dios y no de nosotros.  Nos vemos atribulados en todo… derribados, pero no destruidos.  Dondequiera que vamos, siempre llevamos en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también Su vida se manifieste en nuestro cuerpo” (2ª Cor 4: 7-10).

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