Casa > aguas vivas > Rodeados 2: Reparando la Red

Desde que me convertí en Católico, soy más consciente que nunca de las actitudes ignorantes y prejuiciosas que impregnan ambos lados de nuestra Iglesia dividida.  También soy consciente de las diferencias reales de la “reforma” que deben ser reconocidas y respetadas.

Esa no es mi preocupación en cuanto a este tema.  Lo son las personas sexualmente extraviadas y quebrantadas.  Estoy convencido de que la falta de voluntad tanto de los evangélicos como de los católicos de reconocer primero al Jesús que está presente en el otro, quebranta y debilita nuestro testimonio.

Nuestras divisiones son como grietas en un globo de cristal que distorsiona la Luz del mundo; nuestro desdén de los unos hacia los otros rompe la red que de otro modo traería una gran cantidad de peces.

Dios tendrá Su camino con Su Iglesia.  Me deleita ser testigo de cómo en Aguas Vivas los evangélicos y los católicos se unen para sanar y sanar a los demás.  Nuestro grupo recién comenzado en mi parroquia en Kansas City sirve principalmente a católicos, pero el equipo está conformado por evangélicos y católicos en partes iguales.

Qué maravilloso es que católicos contemplativos y de pensamiento profundo quienes tienden a dudar de su propia capacidad para administrar sanidad a los demás estén acogiendo con beneplácito el candor carismático de evangélicos quienes desde el comienzo de su vida de fe acogieron el llamado a sanar en el poder del Espíritu. 

Aún más profunda es la sanación que veo entre evangélicos y católicos en América Latina —un contexto mucho más dividido que en el norte debido a heridas históricas (300 años de colonización española: imponiendo el Catolicismo y persiguiendo a los Protestantes).  Dos países con los que trabajamos en el Cono Sur han forjado una fuerte alianza, aunque nuestros amigos chilenos son evangélicos, y los argentinos son católicos.  Sin embargo, ellos se aman y valoran mutuamente como personas con tradiciones distintas a las suyas.  Los evangélicos se benefician del don del pensamiento y la simbología católicos, mientras que los católicos crecen a partir de la hermosa comunidad sanadora con la que trabajamos en Chile. 

Esa Iglesia La Viña en Santiago es un modelo de lo que toda comunidad podría ser para los quebrantados sexuales.  Con Aguas Vivas arraigado profundamente en su ADN y los miembros principales de la iglesia como líderes, este Cuerpo ahora tiene una bien merecida reputación como un lugar seguro y santo para que los divididos sanen.  Yo encontré más de unas cuantas personas de toda América Latina quienes se están integrando en esa familia eclesial a fin de crecer en su integración de personas.  La Viña es un lugar donde uno es libre para luchar a la luz del amor inclusivo de Jesús y consolidarse con el tiempo.

Me encanta ese lugar.  A los católicos argentinos también les encanta; ellos ahora están trabajando con los amigos de La Viña en su ciudad para ofrecer una comunidad sanadora para los quebrantados sexuales allí.

Dios quiere salvar a los extraviados y los menos favorecidos.  Y Él honra el hecho que se congreguen católicos y evangélicos quienes están dispuestos a unir fuerzas y dones para convertirse en un hogar empoderado y acogedor para los quebrantados.

Una lámpara rota distorsiona la luz, un cuerpo quebrantado lucha por sanar, una red rota no puede atrapar peces.  Una Iglesia unida puede hacer una buena redada y limpiarla también.

Muchos católicos y evangélicos de todo el mundo se unirán a nuestro esfuerzo de Convertirnos en las Buenas Nuevas.  Construyamos una casa unida, complaciendo a Dios, de rodillas.   

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