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Rompiendo las Aguas

Cuando el Arzobispo José Gómez de Los Ángeles inauguró la semana pasada nuestra Conferencia “Verdad y Amor”, sus palabras sobre cómo nosotros participamos en el bautismo de Jesús trajeron esto a la mente.  C.S. Lewis describe un buceador que rompe la superficie del agua descendiendo luego hacia las profundidades para recuperar el tesoro del fondo del océano.  Él rompe el agua una vez más en el ascenso, con alegría sosteniendo en alto su “pesca” para que el mundo la vea.  De esta misma manera Jesús reclama nuestras verdaderas naturalezas como las hijas e hijos amados del Padre desde las profundidades de la esclavitud (Gál 4: 3-7; Rom 8: 15-18).  Al hacerlo, Él revela Su misericordia gloriosa a través de hijos agradecidos.

Yo me maravillé de la claridad del Arzobispo.  Debido al bautismo de Jesús (y el bautismo del sufrimiento de El Calvario), nosotros que fuimos esclavos del sistema mundial de definirnos a nosotros mismos podemos ser expresiones libres y brillantes del diseño del Padre.  Él abrió el camino para las personas como yo que experimentan atracción hacia el mismo sexo para que renunciemos a todas las afirmaciones mundanas (LGBTQ, etc) sobre nuestras identidades.  En vez de eso, nosotros podemos profundizar en la verdad de quiénes somos nosotros como hijos del Padre quien se deleita en comprometerse con nosotros para impartir lo que necesitamos para crecer hacia la madurez.

No es ninguna cosa pequeña o fácil, este bautismo de Jesús y el nuestro que hace nuevas todas las cosas.  Los riesgos son enormes, para nosotros y para los demás; en un mundo que invita a las personas hechas a Su imagen para que creen su propia realidad de “género”, nosotros defendemos una verdad más profunda de la afirmación del Padre sobre Sus hijos.  Empecemos el año 2017 participando activamente con nuestro propio bautismo y la voluntad del Padre para con nuestra condición de hijos e hijas.  Con ese fin, te animo a:

Contemplar el Cordero; nosotros nos convertimos en lo que vemos.  Apaga tus pantallas (después de leer esto por supuesto) y permanece inmóvil ante el Crucificado.  Esto ayuda simplemente a contemplar la Cruz, la cual transmite en un instante la muerte acuosa que Él sufrió y Su ascenso.  En la Cruz está todo lo que necesitamos saber: el Hijo nos ha devuelto nuestro verdadero Yo.  Mirando al Amado medita quiénes somos nosotros como hijos amados.

Devorar las Escrituras; nosotros nos convertimos en lo que comemos.  Medita en los versos que evocan quién es Él y quiénes somos nosotros.  Los mencionados pasajes de San Pablo son un buen punto de partida, como lo es Cantar de los Cantares, una carta de amor del Padre a Sus hijos.  Abre el Libro y deja que te permee.  Yo memorizo versos clave para que yo pueda invocar la verdad en momentos difíciles en el día.

Escuchar la voz del Padre; nosotros nos convertimos en lo que oímos.  Apaga los dispositivos y permanece en quietud.  Escucha en silencio lo que Él quiere decir; Sus ovejas oyen Su voz (Jn 10: 3).  No te preocupes si al principio todo lo que oyes es un desorden.  Él ama tu esfuerzo y lo honrará.  Calma tu corazón en el Espíritu de Jesús quien tras emerger del agua oyó: “Este es mi Hijo amado en quien me complazco” (Mt 3:17).  Complácelo tú; Él te ama a ti, Su hijo.

 

 

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