Casa > aguas vivas > Rumbo a Roma 1: Pasión por una Novia Casta

“Siempre adelante, nunca hacia atrás” (San Junípero Serra)

Este miércoles partiré para Roma, sede del Sínodo Católico Romano sobre la Familia. El viernes 2 de Octubre yo tendré el privilegio de hablar (junto con otras personas mucho más calificadas que yo) en una conferencia diseñada para líderes del sínodo que deliberará sobre los asuntos de la familia, incluyendo la homosexualidad. Las recomendaciones pastorales del Sínodo no cambiarán la enseñanza de la Iglesia, pero influirán en su aplicación pastoral en los próximos años.

¡Por favor oren por mí! Yo soy un ministro experimentado pero un nuevo Católico. Durante la confesión con mi sacerdote la semana pasada yo admití entre lágrimas la intimidación (los Católicos admiran la educación avanzada y en el occidente están profundamente divididos sobre el tema de los “gays”). Mientras oraba, vi una imagen de un niño sosteniendo una pequeña cruz y declarando con alegría el don, y la virtud, de la castidad. Mi sacerdote entonces citó la lectura del Evangelio en la cual Jesús puso a un niño en medio de los discípulos y les dijo: “El que recibe en Mi nombre a uno de estos niños, me recibe a Mí” (Mc 9: 37). Gracias Jesús; yo voy como soy, sencillo y encendido con la belleza de la castidad.

Amigos, ¿puedo encender ese mismo fuego en ustedes? Estoy convencido de que el objetivo de la castidad es el mejor consejo que podemos encarnar y proclamar a todos los Cristianos. Aunque es un término Católico, ésta tiene un significado dinámico para toda la humanidad, sin importar sus historias sexuales (LGBTQRSTUVW…). En pocas palabras, la castidad significa integridad sexual: “la integración exitosa de la sexualidad dentro de la persona” lo cual significa seres humanos que crecen en la unidad entre lo que son como seres espirituales y como personas con un cuerpo de género y por lo tanto una dirección para su sexualidad (CCC2337).

Dicha “integración exitosa” es una aventura con Dios y con nuestros prójimos que dura toda la vida. Con la cruz en la mano, descubramos juntos la belleza de lo que significa ser hijas e hijos amados de un mismo Padre, y los buenos dones que somos como hombres y mujeres los unos para los otros. La castidad requiere de autocontrol para que nuestra ofrenda sea limpia y transparente para nuestros semejantes; progresivamente los testigos de la castidad tienen el poder para reflejar el uno al otro los impresionantes dones que somos sin empañar la imagen con ladrones como el temor, la pornografía, la lujuria y la seducción.

¡Me encanta la castidad! Todo mi ser está alineado con Jesús quien me creó y quien está reclamando el buen don de mi humanidad masculina. Yo coopero de todo corazón con Sus ritmos porque me encanta el fruto de la castidad, que es la libertad para amar a los demás con generosidad, no confusamente.

Mientras viajo a Roma, me siento animado por los santos y, en particular, por el primer santo canonizado en suelo estadounidense, San Junípero Serra (el Papa Francisco convirtió en santo a este “Apóstol de California” el pasado miércoles en Washington D.C.). Mientras crecía en medio de las misiones de California, yo seguí los pasos de San Junípero hasta El Camino Real, desde San Diego hasta San Francisco, y me maravillé en este misionero de 5’ 2”. Él salió de España a mediados del siglo XVIII hasta la Ciudad de México, luego viajó cientos de millas a pie y en burro con una pierna ulcerada hasta a lo que hoy es California. Allí él levantó en alto la Cruz en una serie de misiones que siguen intactas; con tierno cuidado y mucho sufrimiento, él introdujo el cristianismo a los primeros californianos.

Él sufrió cuando los soldados españoles y otros oportunistas abusaron de sus queridos pueblos nativos. Yo he leído mucho sobre este tema y estoy maravillado por los esfuerzos titánicos que realizó San Junípero para proteger a los primeros Cristianos de California. Él ayudó a recuperar su dignidad y luego luchó para impedir los efectos secundarios cancerosos de la colonización española.

Me encanta. Yo lo honro. Me siento orgulloso de ser un Californiano que lleva la huella de la misma Cruz que él plantó en la tierra de mi nacimiento. Que yo honre su testimonio mientras me dirijo a Roma.

“Nuestro claro deber es conformarnos en todas las cosas a hacer la voluntad de Dios, y a prepararnos para morir bien. Eso es lo que cuenta; nada más importa. Si esto está asegurado, poco importa si perdemos el resto; sin esto, todo lo demás es inútil”.
San Junípero Serra

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