Casa > aguas vivas > Santuario: Por Qué Soy Católico

“Nosotros somos más importantes para Dios que todos los pecados que cometemos.  Pero Él no bendice ni puede bendecir el pecado.  Él bendice al hombre pecador para que pueda reconocer que él es parte de Su plan de amor y se deje cambiar por Él.  Dios nos acepta tal como somos, pero nunca nos abandona como somos”.

Sobre Por Qué la Iglesia Católica No Puede Bendecir a las Uniones del Mismo Sexo, CDF, 22 de Febrero 2021

Los titulares aullaban como un viento caliente en torno a la respuesta oficial de la Iglesia Católica al hecho de por qué ella no puede bendecir las uniones entre personas del mismo sexo: “¡Detengan la Retórica Arcaica!” “¡El Amor no es un Pecado!” “¡Elton John Critica Duramente a la Iglesia Católica!” “¡Retroceso para los Católicos Homosexuales!”

¿Retroceso?  Yo entré en el santuario esa mañana y comí los alimentos más ricos —Jesús se elevó alto en el Calvario, asumiendo todo nuestro pecado y vergüenza, y luego ofreciendo Su misma sangre y cuerpo por nuestra nueva vida.  Las lecturas: Ezequiel describiendo las aguas que se elevan en el santuario para que “todo pueda vivir”; (Ez. 47: 9) Jesús removiendo esas aguas y restaurando al hombre inválido que estaba tan acostumbrado a “su verdad” que Jesús tuvo que preguntarle: “¿Quieres estar sano?” (Jn. 5)

¡Sí, Jesús! ¡Me liberaste hace 45 años y Tú todavía me estás liberando a través de este santuario donde la Verdad me libera una y otra vez! Lamento que no exista libertad para una generación empeñada en celebrar la propia verdad en oposición a la evidente Verdad que nos protege y fortalece.

Con esto me refiero a la insistencia de la Iglesia Católica de una vez por todas en que el sexo da una respuesta por sí mismo.  Dios nos diseñó para sentir nuestra soledad y conectarnos con un miembro del sexo opuesto, consumar el matrimonio y compartir cuerpos y vidas con la esperanza de una nueva vida.  Los hijos merecen un compromiso, así que no hay divorcio, no hay que seguir adelante —la Iglesia requiere de un matrimonio de por vida por el amor de Jesús y la dignidad de los hijos.

Es por eso que la Iglesia no puede bendecir las uniones entre personas del mismo sexo o cualquier vínculo sexual fuera del verdadero matrimonio —ésta desafía la respuesta que el sexo debe dar por sí mismo, como lo revelan clara y consistentemente las Escrituras y la tradición de 2000 años de interpretación Católica de las Escrituras.

Hermoso.  Sencillo.  Profundo.  La Roca que no rueda.  Permanecí en el santuario esa mañana y, a regañadientes salí a la tormenta.  En medio de la tempestad me esperaba un artículo de posición confusa y mundana sobre la homosexualidad escrito por un anciano de la iglesia y un amigo, la historia de portada de la Revista Time sobre la nueva persona de Ellen Page, “Eliot”, que ahora “aspira” a verse como un niño anoréxico de 10 años y una actualización de la Ley de Igualdad de Género ahora preparada para el Senado de los EEUU con la esperanza de incorporar todo lo LGBTQ+ —exigiendo el derecho de toda persona a su verdad o “su” verdad mientras se criminaliza la Verdad de Jesús con respecto a la sexualidad humana.

Lloro por los engañados.  Me regocijo en mi santuario y oro para que miles se unan a las filas de la Iglesia mientras los vientos aúllan y las tormentas hacen estragos.  Ella no se moverá.  Su Cabeza está segura; ella era, es y será Su santuario para toda alma quebrantada que está en búsqueda.

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