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Semillas y Malezas –

Yo escuché las noticias en Ubon, Tailandia, durante nuestra primera Capacitación Aguas Vivas: 70 años de abuso por parte de clérigos en Pensilvania que involucró a 300 sacerdotes, más de 1000 de los hijos amados de Dios y el intento sistemático de la Iglesia de ocultar sus rastros.

Yo sabía que saldría un informe al respecto.  Nada me preparó para su magnitud.  Desconcertado e inquieto a las 2am, leí hasta que ya no pude más.  En la luz gris recordé la noche anterior cuando nosotros como una delegación de 9 países asiáticos renunciamos a la idolatría —nuestra implacable autopreservación: asumimos una postura contra la construcción de falsas personalidades religiosas que ocultaban una multitud de pecados.  Debajo de nuestras túnicas, más de la mitad de nosotros admitimos que nosotros como niños habíamos sido sacrificados en los altares de la perversión de adultos.  Asiáticos que de otra manera habrían sido sonrientes lloraron mientras Jesús nos purificó con Su sangre y agua.

Nos reunimos ante la Cruz donde la Divina Misericordia salió a nuestro encuentro en nuestra miseria.  Ninguno de nosotros es noble según los estándares humanos, la mayoría de nosotros pecamos gravemente mientras nos tambaleábamos en nuestro camino hacia la adultez; todos sabemos ahora que Jesús nos considera un suelo rico y profundo en el cual el Padre de las luces está suplantando las semillas sembradas por el padre de las mentiras.  Arraigados en Él, nosotros los débiles nos volvemos fuertes, retoños destinados a convertirnos en robles de justicia.  Él es Jesús, después de todo.  Él actúa como Él quiere con quien Él quiere.  Él elige a los más desfavorecidos para avergonzar a los más inclinados a preservar su rostro y lugar.

Yo vacilo en responder por los hombres de iglesia que en décadas pasadas (el clero actual es dolorosamente consciente del abuso cometido por clérigos y recibe el mandato de erradicarlo) sacrificaron a hijos e hijas en el fuego de la lujuria (2ª Re 17: 17, 31) y luego ocultaron sus muertes.  Los sacerdotes depredadores y aquéllos que los resguardan son malas hierbas que ahogan la vida e incurren en juicio.  Éstas son semillas del demonio sembradas entre el buen trigo del Evangelio.  Jesús describe Su Reino como nada menos —una futura cosecha de justicia desafiada por las malezas mortales.  Jesús permite la mezcla en preparación para el tiempo en que Sus ángeles “arranquen de Su Reino todo lo que sea causa de pecado y todos los que hacen el mal…” (Mt 3:41).

Un informe del Gran Jurado palidece en contraste con el juicio final de las malezas y la reivindicación de las semillas pisoteadas.  Mientras tanto, debemos tomar en serio estos dones de juicio en la casa de Dios y pedir que éstos sean efectivos en aplastar todos los vestigios de la idolatría cristiana.

Y lo más importante, yo les insto a invertir generosamente en la siembra y la buena semilla.  ¡Y que nosotros que hemos sido aplastados por el pecado y convocados por la misericordia sepamos quiénes somos!  Somos nada menos que “plantíos del Señor para mostrar Su esplendor” (Is 61: 3), diminutas semillas que emergen hasta convertirse en los árboles más altos y fuertes que proporcionarán alimento, refugio y sanación para los heridos (Mt 13:31, 32).

Gracias amigos míos.  Mientras volaba en avión de regreso a casa desde Ubon, recuerdo que su apoyo hacia el Ministerio Desert Stream ha sembrado semillas y proporcionado herramientas de crecimiento para los santos en Tailandia, Indonesia, Laos, Camboya, Corea, China, Singapur, Filipinas e India.  Ustedes nos liberan para los campos.  Yo alabo a Dios por ustedes, Su don a las naciones.

 

 

 

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