Casa > aguas vivas > ¿Sin Pastor?

“Cuando Jesús vio tanta gente, tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastor” (Mc 6:34).

Si los Reyes Magos son un ejemplo, entonces la Epifanía trata sobre la adoración a Jesús manifestándose en amar a las personas que más lo necesitan.  Nuestro nuevo vecindario está lleno de posibilidades, incluyendo una casa de arcoíris llena de personas transgresoras de los roles de género, seres dulces y despistados en cuanto al propósito de su sexualidad.  Yo le pido a Jesús que me ayude a mostrarles Su amor.  Él es fiel.  El otro día le ayudé a un muchacho de dicha casa a cambiar un neumático.  Yo siempre oro por ellos, esperando la oportunidad de llegar a conocerlos y amarlos más; yo creo que el Rey del cielo quiere morar allí y acoger cualquier corazón dispuesto entre ellos. 

Ellos no tienen guías, solo una serie de relaciones bien intencionadas y mal dirigidas (si la puerta giratoria de los inquilinos es un indicio).  Y me pregunto: ¿cómo tienden nuestras iglesias a acogerlos y guiarlos hacia la verdadera felicidad?

Me vuelve a la mente un artículo perturbador que leí en el periódico New York Times el mes pasado acerca del escándalo en que se encuentra nuestra Iglesia con respecto a las “buenas noticias” para el colectivo LGBT+.  Parece que el Obispo Robert McElroy (de San Diego) quiere llegar a las personas transgresoras de los roles de género pero ha perdido su enfoque; este pastor católico de la décima ciudad más grande de EEUU permitió que un hombre gay “casado” con otro hombre (lo llamaremos Steve) pastoreara una parroquia en el seno de la comunidad “gay” de allí.  El sacerdote que supervisaba a Steve fue promovido, por lo que Steve quedó a cargo para que realizara dicha labor.  El efecto fue desastroso: un hombre que redefinía/desafiaba el matrimonio católico y la ética sexual enseñaba a los “buscadores de homosexuales” en consecuencia, presentando así un Evangelio falsificado por una gracia barata.

Peor aún, las personas reaccionarias lanzaron todo tipo de acciones al pobre Steve, quien aunque engañado (y engañoso) no merecía los insultos e incluso amenazas de muerte que recibió por su servicio.  En primer lugar, Steve es un hombre que está bajo una autoridad, y su autoridad es el Obispo McElroy.  Pienso que la culpa es principalmente del buen obispo por poner a un hombre en la línea de fuego quien no debía estar allí.

¿El mayor problema?  Un estilo de tradicionalismo que no tiene una visión o autoridad para acoger a las personas en la Iglesia de Jesús de una manera que sea misericordiosa, poderosa y transformadora.  Si el artículo es correcto (y pocos lo son, en su totalidad), muchos de los “fieles” que se opusieron contra Steve actuaron como si la realidad LGBT+ tuviera más poder que Jesucristo para definir a Su Iglesia.  Ellos respondieron con un espíritu temeroso y vengativo en vez de hacerlo con un Evangelio sólido que declara a todos los que buscan: “Se ha cumplido el tiempo.  El Reino de Dios está cerca. ¡Arrepiéntanse y crean en el Evangelio!” (Mc 1:15).  En esto, cada cristiano es un pastor en el Espíritu de Jesucristo, llamado por Él para dar testimonio de Aquél que nos acoge tal como somos y nos estremece hasta nuestros cimientos más profundos a fin de establecer una nueva creación.

¿Ética sexual a la luz del Rey Jesús?  ¡Renuncia a tus amantes, y autoevaluaciones caprichosas!  Él lo da todo y exige nada menos de nosotros.  Sólo el Evangelio, empoderado por el Espíritu y declarado a través de personas bendecidas y quebrantadas como nosotros puede darlo a conocer a Él de una manera que llama al arrepentimiento. 

Los pastores hoy en día confunden: guías impulsados por un Evangelio mundano y cómodo (McElroy) o por actitudes tradicionales excluyentes que ahuyentan a los rebeldes.  ¡Los conservadores no pueden permitirse esto último!  O cultivamos la visión misericordiosa y la pasión por las personas atrapadas en una red de mentiras o seremos escupidos de la boca de Jesús por defender una forma de piedad pero negando su poder para transformar vidas (2ª Tim. 3: 5; Col. 2: 20-23).   

Ése debe ser nuestro llamado: cada uno de nosotros llenando la brecha como un buen pequeño “pastor”, orando por e invitando a los heridos hacia la sagrada familia.

“‘Buscaré a las ovejas perdidas, recogeré a las extraviadas, vendaré a las heridas y fortaleceré a las débiles, pero exterminaré a las ovejas gordas y robustas. Yo las pastorearé con justicia’ declara el Señor Soberano” (Ezequiel 34:16)  

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