Casa > aguas vivas > Sombra del Calor

“Tú eres, en su angustia, un baluarte para el desvalido, un refugio para el necesitado… una sombra contra el calor” (Is. 25: 4).

Acabo de regresar de un breve viaje abrasador a California: 103ºF (casi 40ºC) en un pueblo costero, el cielo contaminado de color anaranjado mientras los incendios abrasaban las montañas cercanas.  El confinamiento decretado por el Gobernador Gavin Newsom en todo el estado está pasando factura: miedo en algunos rostros, lujuria en otros, exiliados hambrientos que buscan una conexión sensual en medio de la revuelta de la naturaleza.

Quizás era solo yo, atrapado en la tormenta de fuego y provocado por demonios conocidos e inquietos.  O tal vez fueron las consecuencias de la legislatura de California que acaba de aprobar la SB 145 —un proyecto de ley que extiende la protección legal a los adolescentes LGBT (14-17 años) y adultos que abusan sexualmente de ellos.  Impactante en medio de todo fue la noticia de la muerte por supuesta sobredosis de Ethan-Is-Supreme, el “influencer del maquillaje” en YouTube, de 17 años de edad.

No vinculamos la maldad en las altas esferas y los niños vulnerables.  ¡Despierten gente! Necesitamos iglesias audaces que luchen por la dignidad original de nuestros hijos e hijas, no estúpidas legislaturas que protegen y ayudan a garantizar su temprano fallecimiento.

Yo corrí a la Misa de la mañana sólo para descubrir el mandato de Newsom —prohibiendo todas las reuniones en interiores— clavado en la puerta de la parroquia.  ¿Qué? ¿No hay recurso para los fieles?  No haré Iglesia virtual.  Lo siento.  La Misa es el Alimento que hace huir a los demonios, no un programa de televisión.  No puedes comer píxeles.

Un pequeño post-it invitaba a cualquier parroquiano a confesarse esa tarde.  Yo lo necesitaba y esperé en el calor hasta que el imponente Padre salió y literalmente proporcionó sombra a mi alma sobreexpuesta.  Él habló la Palabra acerca de mi autoridad como hijo de Dios, no como esclavo del descuido y confusión del pecado (Gál. 3: 4-7).  Él me pidió que trajera mi silla de playa y que fuera al día siguiente a la misa al aire libre.  Lo hice.

Unas 300 personas soportamos el resplandor por el gozo que teníamos ante nosotros.  La música era dulce, buena predica, mejor el Alimento.  Cuando oramos juntos a Jesús: “No tomes en cuenta nuestros pecados sino la fe de Tu Iglesia”, me rompí.  Así es.  En el Apocalipsis, el infierno que nos rodea y que busca invadirnos no puede prevalecer.  ¿Cómo? ¿Mi fuerza de voluntad? ¿Mi integridad? ¿Mi justicia? ¡No! La Autoridad de la Iglesia.

Las cosas empeorarán.  Sólo Su Cuerpo nos hace mejores.  ¡Sé valiente, Iglesia! DEBIDO a los Newsom, las máscaras y los confinamientos, yo les insto a buscar la sombra del calor.  Reúnanse en el Nombre de Jesús.  Conviértanse en miembros poderosos.  Regocíjense.

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