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Terapia de Conversión: Seis Puntos que Vale la Pena Considerar –

 

En primer lugar, la “terapia de conversión” es la actual vara de desprecio para cualquiera que rechace la identidad LGBT+ y su destino.  Y cualquiera que apoye esa decisión: amigos y familiares, iglesias, terapeutas.  Mientras celebramos el derecho de toda persona a cambiar de pareja o de género, nuestra cultura sataniza a aquéllos que eligen alinear sus cuerpos con el propósito obvio de generar una nueva vida.

Boy Erased’ starring Nicole Kidman – Nov. 2

En ningún otro lugar esto es más evidente que en la industria del entretenimiento.  El 2018 comenzó con “Miseducation of Cameron Post” y termina con “Boy Erased”, una pequeña película con grandes estrellas sobre un joven que después de ser violado por un amigo de la universidad asiste a un campamento de 12 días de “terapia de conversión” donde es sometido en una casa de horrores parecida a una prisión marcada por la manipulación de todo tipo.  El credo es la coerción: los cristianos imponen tácticas de pesadilla a las personas en su sano juicio con atracción hacia el mismo sexo que se odian a sí mismas.  ¿La cura? ¡Un descanso en un lugar tipo prisión! (en este caso, con la ayuda de Mamá Nicole Kidman, de quien yo gustosamente huiría de la casa grande).

Dejando de lado a Nicole, la vibra está en todas partes.  Acabo de leer un artículo detallado titulado “Me Enseñaron a Odiarme a Mí Mismo” que detalla una terapia de aversión inducida por fármacos, tratamientos de electrochoque y uso de pornografía heterosexual como trucos de “conversión” para curar a los homosexuales, que resultan en fallidos matrimonios “heterosexuales”, suicidios y vidas destrozadas en general.  Sorprendentemente, no se nombran consejeros profesionales.  ¿Sabes por qué?  Ningún terapeuta que valga la pena saldrá con cualquiera de estos falsos chanchullos.  Los terapeutas de “conversión” no existen.  Y si alguna vez existió algún indicio del “campo de conversión” en la película “Boy Erased”, podemos estar agradecidos de que ya no lo haya.

En segundo lugar, el término “terapia de conversión” nunca existió en ningún sentido profesional de la palabra.  Desde el inicio de la Psicoterapia, los clínicos han entendido que la atracción al mismo sexo es un impulso “reparador” —no la característica definitoria de la adultez sexual de uno, sino un síntoma de algo más, un esfuerzo inconsciente por reparar algún déficit o falla.  Partiendo de este entendimiento, los ayudantes capacitados ayudan a las personas a “leer” sus deseos sexuales adecuadamente; eso implica ayudar a los clientes a reconocer las necesidades legítimas en la esencia de la atracción hacia las personas del mismo sexo, y enfrentar relaciones dolorosas y traumas que pueden haber contribuido a la atracción.  Aquí los terapeutas funcionan como sanadores de heridas reales que han dividido vidas y han hecho que las personas sean más vulnerables a las autopercepciones y conductas LGBT+, como en el caso del abuso sexual en la niñez.

Mi travesía hacia la integridad fue establecida por Jesús.  Pero en el camino, ayudantes expertos me ayudaron a ordenar mis deseos a lo largo del estrecho camino hacia la vida, sin condenarme por ellos ni limitándome a sus exigencias.  Ellos me ayudaron a caminar a través de la atracción al mismo sexo, enfrentar directamente algunos factores que contribuyeron a ello y crecer en mi autoaceptación.

En tercer lugar, Aguas Vivas, Courage y todos los ministerios que yo conozco en Restored Hope Network (Red de Esperanza Restaurada) no practican esta forma de terapia.  ¿Cómo sé eso?  ¡Nosotros no somos terapeutas! Somos laicos que acompañamos a cualquier persona que —a la luz de los conflictos de identidad y las adicciones sexuales— desea crecer en el amor de Jesucristo.  Nos reunimos en grupos, que son voluntarios, libres de coerción y destinados a centrar los afectos y la identidad de uno en Jesucristo.  “Terapia” es un término y práctica significativos que sólo deben aplicarse a las personas que tienen la capacidad de forjar una relación profunda y a largo plazo con una persona que desea recibir ayuda profesional con el fin de limpiar los escombros de su camino hacia la integridad.

En cuarto lugar, ¡necesitamos estos terapeutas! Las personas con problemas de identidad de género son vulnerables, no sólo a deseos sexuales conflictivos sino también a problemas de salud mental como la adicción química, los trastornos de personalidad, la depresión y las tendencias suicidas.  Los laicos debemos reconocer nuestros límites ante la fragilidad de la otra persona.  Debemos aprender a remitir a nuestra gente a ayudantes capacitados que puedan ayudar a las personas a navegar por diversos problemas, incluyendo formas constructivas de enfrentar la atracción al mismo sexo más allá de simplemente calificarlas como LGBT+.

En quinto lugar, yo sugiero que trabajemos con un nuevo lenguaje.  Para mí está bien lo de terapia reparativa, pero ahora es culpable por su extraña asociación de “conversión”.  ¿Qué hay de la terapia de “integración”, la cual hace referencia al objetivo de volverse íntegro, unido al bien de nuestro propio género al superar las divisiones que nos impiden las relaciones castas con cualquiera de los dos géneros?

En sexto lugar, la batalla se está librando para satanizar y acabar con la ayuda terapéutica para las personas que rechazan el destino LGBT+.  Los cristianos alrededor de nuestro país están recibiendo ayuda superficial; al negarse a creer que existen “asuntos” psicológicos para los trastornos de género, se están uniendo a la diatriba en contra de brindar esa ayuda.  Eso fue evidente en nuestra reciente victoria temporal contra el proyecto de ley 2943 en California.  Aunque se archivó dicho proyecto de ley, muchos cristianos, incluyendo los santos en Rosemead, el grupo de asesoramiento clínico de la Universidad de Biola, se registraron (ver el sitio web) para rechazar los esfuerzos de “cambio” terapéutico como una especie de rama de olivo para la comunidad LGBT+.  Esto volverá a atacarnos.  Evan Low, activista gay y autor del proyecto de ley 2943, anunció su plan para reformular el proyecto de ley en el año 2019 y prohibir todos los esfuerzos terapéuticos.  La lucha continúa, y debemos librarla sin traicionar a nuestros aliados clínicos.

 

 

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