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Un Jesús que Reverdece

Antes de hablar con un grupo de estudiantes en la Universidad Ave María (Florida), yo pedí una oración y mi anfitrión Scott y un bondadoso sacerdote intercedieron conmigo.  Esperamos juntos ante Jesús.  “Pídele a Jesús lo que quieres de Él esta noche”, pidió al sacerdote.  Después de unos momentos respondí: “Revela Tu suficiencia para las personas que lidian con confusión de identidad”.  Nosotros esperamos, entonces vi a Jesús derramando corrientes de unción color verde esmeralda sobre una multitud.  Yo nunca antes había visto “el verde”, así que estaba desconcertado.  “El verde es esperanza”, dijo el sacerdote.

Esa noche mientras yo hablaba, la esperanza de transformación sonó verdadera, como lo hizo el día siguiente por el personal y ciertos estudiantes que necesitaban consejería para sus propias vidas y para aquéllos a quienes aman.  Jesús los hizo verdes con esperanza.  En cada experiencia única y cada pregunta fastidiosa, estuvimos de acuerdo en que Él asumía nuestra confusión en el Calvario para levantarnos con claridad como hijas e hijos amados de Su Padre.

Lleno de verde con esperanza, yo volé a Malibú, California para unirme a nuestro equipo de la Capacitación Aguas Vivas para un encuentro intensivo de una semana.  En nuestro sitio del encuentro, ubicado entre colinas rocosas, había caído una gran lluvia y ahora estaba todo verde, tan exuberante como jamás lo había visto.  El agua del arroyo subió, y los matorrales no podían ocultar la nueva vida que brotaba del suelo.  La esperanza surgió en los corazones secos y quebrantados.  A medida que el equipo cantaba, daba testimonio, oraba y daba las enseñanzas, Jesús se hacía evidente y llamaba a todos a levantarse en las alturas por las cuales Él descendió al infierno.  Jesús redime a quien Él ha creado.

Este grupo difería en su madurez.  Éstos eran “padres” espirituales activos decididos a cambiar la marea cultural por la contracorriente de la esperanza.  Juntos examinamos la desfiguración de la imagen de Dios.  En lugar de enfadarnos, fuimos incitados a luchar por los innumerables rostros que nosotros representamos en las familias de la iglesia en todo el país: Betel, Católica Romana, Metodista, Anglicana, Luterana, Bautista, Cuadrangular y una multitud de otras.  A pesar de las diferentes tradiciones, el amor de Jesús nos imploró que redescubriéramos la esperanza de nuestra salvación, a humillarnos en oración y elevar la Cruz por toda la Iglesia y un objetivo para todos sus miembros: la castidad, el don de una vida indivisible.

Jesús nos hizo verdes, libres para actualizar nuestra esperanza.  La esperanza estancada deja de ser esperanza.  Así que salimos de Malibú, listos para pelear.  No es difícil.  Él lo dio todo para ganarnos y nosotros haremos lo mismo por aquéllos a quienes amamos: una oración, una confesión, una conversación, una transformación a la vez.

 

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