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Valor por el Sexo Casto –

En la conferencia de Courage la semana pasada en Chicago, Annette y yo tuvimos el privilegio de dar testimonio sobre el glorioso desafío de forjar un matrimonio a la luz de mi atracción hacia el mismo sexo y su abuso sexual, —¡dos dones que siguen dando!  En realidad, nosotros somos dones el uno para el otro quienes a través de la gracia de la cruz de Jesús nos hemos deleitado en nuestra co-humanidad durante casi 40 años.

Nosotros hablamos con franqueza acerca de nuestra vida íntima.  Queríamos romper la falsa pero común creencia de que la castidad siempre implica abstinencia.  No es así.  La castidad está integrando la propia sexualidad de tal manera que lo libera a uno para ser fiel a Dios en la soltería o el matrimonio.  Si uno está casado, eso significa serle fiel a la persona con la que te involucras activamente en el plano sexual.  Para nosotros, la castidad nos invita a una vida sexual robusta que celebra este vínculo entre dos personas: cuerpo, alma y espíritu.

El contexto importaba ya que Courage no se ha especializado en el tema del matrimonio y la persona con atracción hacia el mismo sexo.  Uno podría tener la impresión (aunque errónea) de que Courage se siente cómodo apoyando a los solteros en el camino hacia la castidad, pero no está seguro de si Dios llama a las personas con atracción por el mismo sexo al matrimonio.  Falso.  Muchos miembros de Courage están casados.  Y en verdad, Annette y yo somos tratados con esta dignidad en el mundo de Courage.  Para Annette en particular, la familia de Courage ha sido la más cálida, consistente y acogedora para ella de lo que ella ha experimentado en cualquier otra red comparable.

Sin embargo, se podría decir que los casados están sub-representados en Courage.  Varios miembros han cuestionado mi llamado al matrimonio como si mi decreciente atracción hacia el mismo sexo invalidara ese llamado.  O lo inhabilitara.  No es verdad.  Yo estoy convencido de que las personas con un trasfondo de atracción hacia el mismo sexo que se adhieren a Jesús y que “trabajan el programa” de adquirir autocontrol y activar su don de género por la otra persona se convierten en los mejores cónyuges.  Nosotros confiamos en Jesús y somos intencionales en nuestro amor por esta otra persona.  Nos hacemos grandes amantes.  Punto.

Y nos damos cuenta que hacer el amor de una manera casta —terrenal y sensacional como es— debe darse en el contexto de un mayor respeto por toda la persona.  Nosotros nos preparamos para la desnudez revelando —completamente vestidos— nuestros sucios secretos, nuestras irregulares quejas, y nuestra gratitud por esta persona que está ante nosotros quien busca entregárnoslo todo.  Rodeando nuestro compartir está la gracia de Jesús.  Él lo entregó todo, y todavía lo da todo, y eso hace toda la diferencia.

Cierro con esta breve nota de Annette que encontré recientemente, del otoño del año ’82.  Ésta representa para mí la base del sexo casto.  “Cuando hiciste señalamientos sobre mi complejidad, comencé a reflexionar sobre lo profundo que el Señor me ha transformado.  Él ha forjado cambios en mí que han creado un nuevo corazón: uno blando, femenino, no el duro caparazón protector de un corazón que yo tenía cuando nos conocimos hace tres años.  Gracias por estar a mi lado.  Tú representas la seguridad para mí —el Señor te ha usado para darme una especie de permanencia que siempre he necesitado.  Te amo muchísimo.  Annette

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