Casa > aguas vivas > Verdadera Justicia en la Raza y la Sexualidad

Jesús creó cada tribu, lengua y nación para expresar Su gloria de maneras únicas pero igualmente significativas.  Eso significa estar en una diversidad étnica colorida y en la gloria única de nuestros cuerpos hechos hombres y mujeres a Su imagen.

A través del racismo, se compromete la dignidad inherente de la persona humana.  El racismo, ya sea abierto (violencia, discriminación) o encubierto (“Yo no me fijo en el color”) distorsiona la imagen de Dios en nosotros.  En vez de defender la débil, vulnerable y amorosa justicia, defendemos nuestro propio compromiso y amamos nuestra propia visión de nosotros mismos.

“Repetimos lo que no reparamos”

Eso nos lleva al otro debate de justicia social de nuestra generación.  Cada vez que se hace conciencia de nuestro deber hacia las hermanas y hermanos negros, muchos cristianos dejan de enfocarse en ellos (¿demasiado doloroso para permanecer allí?) y comienzan a defender otras causas, específicamente las LGBT+, que tienen una “sensación” similar de justicia mientras sirven una ideología radicalmente diferente. 

Para muchos de mis amigos conservadores, su vacilación en abrazar la justicia social para los afroamericanos puede estar arraigada en el temor de que la bandera del arcoíris siga a la causa de la dignidad negra.  Al mismo tiempo, conozco a muchos amigos que comienzan a internalizar el dolor de la experiencia negra y luego comienzan a cuestionar su moral sexual.  “¿Soy ciego, intolerante y odioso hacia la homosexualidad, así como mis antepasados eran ciegos, intolerantes y odiosos hacia las personas de la raza negra?”

Nosotros debemos darle espacio al Espíritu Santo para que sondee nuestros corazones y exponga el orgullo, los sentimientos de superioridad y las suposiciones no bíblicas.  Luego, al arrepentirnos, debemos redefinir nuestra antropología y moralidad en torno a la Palabra y los caminos de Dios.  El arrepentimiento significa volver a la visión de Dios para con nuestra humanidad, Su diseño para nuestras etnias únicas y nuestro llamado común a la integridad sexual como hombres y mujeres que eligen dignificarse mutuamente.

A través de la inmoralidad sexual como con el racismo, se compromete la dignidad inherente de la persona humana.  La perversión, ya sea abierta (abuso sexual, acoso sexual) o encubierta (“el amor es amor”) distorsiona la imagen de Dios en nosotros.  Nuevamente defendemos nuestro propio compromiso y amamos nuestra propia visión de nosotros mismos.

Nuestro enemigo tiene conspiraciones insidiosas para descarrilarnos, para pervertirnos y de ese modo encarnemos la lujuria más que el amor sincero.  A lo largo de nuestra historia, y particularmente en las últimas décadas, los líderes cristianos han utilizado una interpretación distorsionada de la Palabra de Dios para defender el pecado sexual.  Al igual que sucede con cualquier pecado, el pensamiento subyacente es que yo, el simple ser humano, tengo el control definitivo sobre lo que es mejor para la persona humana (a lo largo de los años, lo que ha sido “mejor” para la persona humana ha incluido el divorcio, el aborto y la ideología LGBT).

Aunque el movimiento LGBT se posiciona como el sucesor natural de los derechos de los negros, está más alineado con el racismo, ya que ambas posiciones basan su visión de la dignidad y el destino en los “sentimientos” en vez de hacerlo en la gloria de Dios en la creación.  El defensor LGBT cree que el matrimonio “homosexual” o la reasignación de género es lo que más dignifica a una persona insegura de género, porque “se siente” justo.  Un racista puede “sentir” que la sumisión o el silenciamiento dignifican más a una persona negra.

Nuestra defensa de la justicia social debe provenir de la Palabra y los caminos de Dios.

Con respecto al racismo, el Nuevo Testamento es claro.  El libro de los Hechos describe la compasión racial hacia los gentiles como la fuente de la persecución de la iglesia primitiva.  Pablo regularmente le recuerda a la iglesia que Jesús ha derribado los muros divisorios entre los grupos étnicos y ha pedido la unidad en el espíritu y el amor familiar de los unos por los otros sin importar la raza (Efesios 2: 11-22).  Él refuerza que se supone que diferentes grupos étnicos brillen en sus formas particulares (Romanos 3: 1-2).

Con respecto a la moral sexual, el Nuevo Testamento es claro.  En Hechos 15, los apóstoles deben decidir sobre expectativas realistas para los nuevos grupos étnicos que están aprendiendo a seguir a Jesús sin conocer las costumbres judías.  Animan a los nuevos líderes de la iglesia a que no se preocupen por hacer que los gentiles se ajusten a la cultura judía, sino que creen una breve lista de elementos esenciales, como rechazar la inmoralidad sexual.  Desafían a cada persona a expresar su propia herencia étnica mientras la llaman a un alto estándar judío de integridad sexual.  Pablo retoma este tema cuando acusa específicamente a los gentiles de no actuar de acuerdo con los valores de inmoralidad sexual de su grupo étnico, sino que aclara que la voluntad de Dios para cada uno de ellos es vencer la lujuria y caminar en una visión santificada del amor sexual (1|ª Tesalonicenses 4: 3-7). 

Pablo nos ordena que renunciemos a la superioridad étnica, la lujuria y la perversión.  Eso puede liberarnos para defender la justicia racial y la integridad sexual.  La iglesia primitiva hizo exactamente eso: estos dos valores pusieron al mundo entero al revés mediante un amor superior al vacío del racismo y la perversión.  ¡Que así sea en nuestra generación!

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